**De víctimas a triunfadores en Bembrive**
La tarde noche del sábado, el pabellón de Bembrive se convirtió en testigo de una de esas historias deportivas que parecen sacadas de un guion cinematográfico. A pesar de las adversidades, nuestro equipo, que llegó como víctima, salió triunfador, llevando la emoción al límite en cada jugada.
Con solo seis jugadores de campo disponibles, y dos de ellos con lesiones notables, el desafío se presentaba monumental. Sin porteros en la plantilla, Prieto, un guerrero del equipo, asumió la responsabilidad bajo los tres palos. Su actuación fue digna de elogios; encajó únicamente dos goles, ambos gracias a un malentendido con su compañero Varela, evitando además numerosas ocasiones claras del rival, lo que le valió una calificación casi perfecta de 10.
El partido no tardó en complicarse aún más. En el minuto 3 del segundo tiempo, Buty sufrió una torcedura de tobillo, lo que nos dejó sin posibilidades de realizar cambios. A partir de ese momento, Óscar y Varela se convirtieron en verdaderos héroes, luchando incansablemente durante todo el encuentro sin poder descansar ni un instante.
La primera parte transcurrió con una notable solidez defensiva. Ambos equipos llegaron al descanso con el marcador en 0-0, pero el verdadero espectáculo estaba por venir. En el minuto 6 del segundo tiempo, Pájaro rompió la paridad, colocando el balón en el fondo de la red y adelantándonos 1-0. Y cuando las esperanzas comenzaban a florecer, Varela también se sumó a la fiesta, anotando un gol excepcional que puso el marcador 2-0.
Sin embargo, el rival no estaba dispuesto a rendirse. Tras realizar un cambio estratégico que consistió en sustituir a su portero por un jugador de campo, comenzaron a complicarnos la defensa. En el minuto 18 lograron su primer gol, reavivando sus esperanzas y haciendo que la tensión aumentara en la cancha.
El empate llegó rápidamente; a los 21 minutos, Mesón Delfín marcó el 2-2, y la situación se tornó crítica. A pesar del cansancio y la falta de recambios, nuestro equipo mantuvo intacto el espíritu de lucha. El partido parecía destinado a culminar en una decepcionante igualdad, hasta que en los minutos finales, Óscar se erigió como el héroe inesperado.
A falta de unos segundos para que sonara el pitido final, desde el borde del área propia, lanzó un potente disparo hacia la portería contraria, que en ese momento carecía de guardameta. La pelota surcó el aire y se coló en la red, desatando la locura en los jugadores, cuadro técnico y asegurando una victoria increíble de 2-3.
Mientras abandonábamos el pabellón, el sentimiento de triunfo era indescriptible. Nos habíamos enfrentado a innumerables desafíos, pero nuestra determinación y trabajo en equipo nos llevaron a un desenlace glorioso. En el deporte, como en la vida, a veces las victorias más memorables son aquellas que se logran en las circunstancias más difíciles.
F.G.